Gracias a la X edición del Concurso Aguas de Murcia Solidaria 300 mujeres y niños, de la localidad de Nsimalen (Camerún), han dejado de caminar entre dos y tres kilómetros para abastecerse de agua

 

Un proverbio inglés dice que no se aprecia el valor del agua hasta que se seca el pozo. Es lo que sucede en la zona de Mehandan en Camerún, donde existen todavía pueblos que no disponen de pozo y, por lo tanto, no tienen acceso a una fuente de agua potable.

Esta dura situación se ha podido mejorar gracias a la ejecución por parte de la Fundación FADE - en colaboración con la entidad local camerunesa APF (Association de Promotion des Femmes) - del proyecto “Agua potable para las poblaciones rurales de Mehandan, localidad de Nsimalen, Camerún”.

 

Esta iniciativa se ha llevado a cabo gracias a Aguas de Murcia que, en el marco de su RSC, convoca anualmente el Concurso Aguas de Murcia Solidaria, para apoyar y asegurar el acceso a agua potable en países donde esta necesidad básica no está todavía cubierta. En su X edición, este proyecto ha contado con una financiación de 12.000 euros que ha sido directamente enviada a Camerún para la ejecución del proyecto previsto. Una cantidad que cambia vidas.

 

El proyecto ha tenido como objetivo facilitar el acceso al agua potable a estos poblados rurales, mejorando de esta forma su calidad de vida, la disminución de las enfermedades relacionadas con la utilización de agua contaminada y los problemas de deshidratación mediante la construcción de un pozo, que a partir de ahora abastecerá de agua potable a las 300 personas de esta zona rural, la mayoría de ellas mujeres jóvenes, niños y niñas menores de 7 años.

 

El pozo se ha excavado en un terreno facilitado por la población local. La Fundación FADE y APF han coordinado la creación de un comité de gestión del pozo, formado por los mismos aldeanos, de los que al menos el 50% de los participantes son mujeres. El objetivo principal del Comité consiste en supervisar la gestión del pozo como bien de uso común y organizar un fondo económico en el que cada familia beneficiaria del pozo cotiza para poder hacer frente a futuras eventuales reparaciones.

 

Igualmente, el proyecto incluye un programa de formación específica en hábitos de higiene, salud y uso de agua, en torno a la prevención de enfermedades relacionadas con el consumo de agua de mala calidad, del que las mujeres rurales han sido las principales beneficiarias y, posteriormente, la población en general; lo que ha asegurado un proceso de sensibilización y concienciación sobre la importancia del agua.

 

Los plazos de construcción y puesta en marcha del pozo han finalizado justo antes del inicio del confinamiento a causa de la Covid-19, lo que ha permitido a la población beneficiaria disfrutar de un acceso a agua potable para asegurar su higiene y el respeto de las medidas de protección sanitaria, como el sencillo hecho de poder lavarse las manos.

 

La disponibilidad de una fuente de agua potable está teniendo un impacto importante en la vida de los aldeanos, reduciendo las infecciones y enfermedades vinculadas con el consumo de agua contaminada y con la deshidratación.